jueves, 2 de marzo de 2017

Bcote, fusión de música electrónica con nativa boliviana



Bart Van Obbergen Pérez, hijo de padre belga y madre potosina, llegó a Bolivia para grabar sonidos de la naturaleza, de instrumentos étnicos y melodías folclóricas, que incluirá en una fusión de música electrónica con nativa como parte de un proyecto de estudio para titularse.

El joven extranjero actualmente está en Bolivia, aunque no es la primera vez. Desde pequeño llegó en varias oportunidades para visitar a su abuela, que vive en Sucre, y a otros familiares en Potosí.

“Me gusta Sudamérica y me encanta Bolivia porque es un país caótico, pero de una forma positiva. Conozco Potosí, la Casa de la Moneda; también me gusta Sucre porque es una ciudad muy linda, su plaza, los edificios coloniales y republicanos, el ambiente, el clima y la gente amable. Conozco su cultura, su carnaval, Santa Cruz”, comenta a ECOS.

Tiene 22 años, es hijo de Pieter Van Obbergen y de Gina Pérez Zuleta y vive en Bélgica desde sus dos meses de edad. Estudia música electrónica en PXL-Music, Hasselt (Bélgica). Incursionó por varios géneros musicales, toca la guitarra, el piano, la quena y un poco de charango. También canta y compone música electrónica en computadora.

Su nombre artístico es Bcote, trabaja de forma independiente y también es parte del grupo Amaroo, que improvisa música junto a Ashley Morgan y Pepijn Leenders. Su página en internet es: www.soundcloud.com/bcote. También se lo encuentra en facebook.com/bcote

Valorando las raíces

Bart dice que gracias a su madre valora sus raíces maternas, la música sudamericana y, especialmente, la boliviana. “Me gusta mucho la música étnica porque es espiritual, por sus percusiones, y además tiene sentido e historia”, sostiene en entrevista con ECOS.

Desde hace más de un mes que está en el país, esta vez llegó para grabar sonidos de la naturaleza, de instrumentos étnicos y música folclórica, como parte final de un proyecto que lleva adelante para graduarse de sus estudios en PXL-Music.

“Son tres años de estudio, es muy lindo y práctico. En tu proyecto puedes definir el tema que quieras y yo quería volver a mis raíces y grabar sonidos. Fui a Trinidad, estuve en la selva viviendo con una familia del lugar, ayudándoles a trabajar y abriendo caminos. Durante dos noches y dos días grabé el sonido de las aves”, detalla el músico.

Durante su estadía en Sucre vivió con su abuela materna y se dedicó a grabar los sonidos precarnavaleros. Dio un concierto en Kultur Café Berlín, donde presentó las obras de su creación: una fusión de música electrónica con melodías nativas y hip hop. Revela a ECOS que es el primer concierto que presenta fuera de Bélgica.

También estuvo en La Paz y ahora viaja por Oruro, donde aprendió a valorar lo grandioso de su carnaval. Allí también graba la música de las danzas folclóricas nacionales.

“Grabé el tinkuy, caporales, tobas y otros ritmos. También me gustan los ritmos y la percusión de la música étnica sudamericana, de Ecuador y de Brasil, porque es como un ritual. Mi instrumento favorito es la calimba, por la manera como suena”, explica.

Bolivia, clave

Bart indica que con los sonidos obtenidos en Bolivia grabará un disco en Bélgica; eso será, según sus cálculos, hasta mayo de este año. “Bolivia es clave en este momento, todo dependerá de cómo me va con mi álbum. Estoy joven, este es mi último año de estudios, a ver qué pasa… no tengo ninguna proyección, no soy de los que planea nada para el futuro”.

El joven belga-boliviano manifiesta que en su vida siempre hizo de todo, pero ahora encontró su línea; es decir, siente que está más consciente de la música que hace y quiere hacerlo de manera más seria y profesional.

De acuerdo con sus palabras, se dedicó a hacer música desde los seis años, aprendiendo muchas veces de sus fallas. Junto con su computadora realiza una serie de combinaciones con instrumentos de vientos: primero graba y luego fusiona los sonidos. Empezó con la calimba, inspirándose con la música de África, de los afrobolivianos y la ecuatoriana.

“Trabajo con lo que me viene a la cabeza. A veces no hago nada y otras, aunque no esté con mi ordenador, la creatividad siempre está en mi mente. A veces me siento muy descontento porque soy muy perfeccionista, pero sigo y sigo. Apenas estoy comenzando, pero llegar hasta donde estoy, me costó muchos ensayos”, finaliza Bcote. •


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