lunes, 7 de noviembre de 2016

Carlos Ramallo, el luthier que hace vibrar el nombre de Bolivia


MADERA BOLIVIANA

Carlos Ramallo ha trabajado también con madera boliviana como jacarandá de Bolivia o también conocido como jacaránda morado, con el que creó guitarras de muy buen sonido; sin embargo, le llama la atención que muchas maderas nacionales las debe comprar de países como Estados Unidos y otros y recomienda trabajar en ello.

Talento. Es sin duda la mejor manera de describir a Carlos Ramallo, quien a sus 24 años de edad se ha convertido en un luthier en camino de consolidarse como referente en Sudamérica y como él sueña, también en el mundo.

Desde su infancia estuvo muy vinculado a la música, pero fue su dedicación lo que le llevó a formarse como un constructor de instrumentos musicales, es decir, un luthier.

Para entender mejor su oficio se puede decir que un luthier es una especie de artesano, carpintero de los instrumentos. Él los crea, les da forma, sonido, color, prácticamente les da personalidad para que cuando un artista lo toque, encuentre en su instrumento a su compañero ideal.

Ramallo entró al conservatorio de La Paz a los diez años de edad, ahí eligió el violín como instrumento, pero luego por falta de maestros al haber tantos alumnos de esa área, migró a la guitarra de la que no se soltó jamás.

Con su hermana mayor, Cecilia Ramallo, formó un dúo y participó en festivales a nivel internacional, mientras que con otros dos amigos hicieron también un cuarteto con el que se presentaba en escenarios del país.

A sus 17 años le tocaba decidir qué haría de su vida. Fue cuando las puertas se le abrieron de manera clara y contundente. En un festival en Chile, conoció a quien sería su primer maestro de luthería, Carlos López.

La decisión no fue fácil, dejar la familia, el hogar, cambiar de ciudad, es más, de país, sin embargo, estaba decidido. Lo bueno fue que en esta primera aventura fuera de su hogar en La Paz, lo acompañó su hermana, aunque ella fue a Chile para especializarse en otras áreas.

“Entre los músicos en los festivales y todo eso, el tema de conversación son las guitarras, quién fue el constructor, qué modelo es y otros, y eso siempre me llamó la atención. Hacer música y relacionarme con lo manual me gustó mucho”, cuenta Ramallo con una pasión única por lo que hace, como si su vida todos estos años se hubiese regido a las formas de una guitarra o a lo mucho, de un violín, para variar.

Durante su primer año como luthier fabricó seis guitarras profesionales y hoy en día ya tiene pedidos de distintos países latinoamericanos e incluso una consulta de Suiza.

Y es que mientras se formaba en luthería fue posicionándose en el ámbito musical. Luego de un año en Chile entró a la escuela de Luthería en Tucumán (Argentina), la única escuela en Sudamérica que tiene un título avalado por una universidad.

“Muchos se sorprenden de mi edad, cuando uno piensa en un maestro de luthería usualmente esperan ver un viejito de 90 años con sus instrumentos”, cuenta con un tono de gracia, aunque lo que dice es muy cierto, además que a él le gusta destacar que es boliviano, porque es importante mostrar el talento del país, dice con sencillez y orgullo a la vez.

Para no dejar su lado artístico, decidió entrar además al Conservatorio Provincial de Tucumán para hacer una tecnicatura en guitarra clásica, además de su carrera técnica, ahora ampliada a licenciatura en la escuela de Tucumán.

Su talento ha logrado posicionarlo quizás en un lugar envidiable para cualquier luthier a su edad, pues en 2014 obtuvo el segundo lugar de un concurso nacional de luthería en Argentina, un país muy activo en esa área y a fines de ese mismo año ganó el primer lugar de otro evento organizado por una empresa que distribuye y comercializa madera para instrumentos.

En 2015, a raíz de esos destacados puestos, fue invitado a dictar cursos sobre la historia de la guitarra en dos festivales distintos. Codo a codo con maestros de gran experiencia. Una oportunidad invaluable a la que llegó gracias al apoyo de su tutor en la escuela de Tucumán, Juan Alonso.

Hoy en día, se encuentra en Cochabamba, como invitado a un festival en el que como parte de un concurso, se entregará al primer lugar una guitarra hecha por él.

¿Pero cómo nace una guitarra?

Ramallo explica que lo primero a lo que apunta es al resultado del sonido, porque cada artista busca un instrumento en particular, ya sea uno brillante, uno más oscuro o grave.

A partir de ello se escoge el tipo de madera de la guitarra. Para su tapa, la que más se usa es el pino beto, cuyo uso perdura a través de los años.

Luego de ese paso, procede a trabajar en los accesorios y una vez elegido el diseño del instrumento, comienza la puesta en práctica y es hora de cortar, tallar y darle alma.

“Cuando hago un instrumento incluso sé que puede llegar a vivir más que yo, verlo crearse desde tablitas hasta la forma tal y pensar que ese instrumento va a pasar por mucha cosas, que tendrá una vida extensa y no saber hasta dónde llegará. Podría decir que dejé una parte de mí en cada instrumento que hice”, revela.

Aunque por ahora su pasión está en conocer los diseños de maestros luthiers de la historia, estudiar en Europa y dominar técnicas, Ramallo espera que en algún momento pueda crear un modelo propio, una “guitarra Ramallo por completo”, para con ello llevar el nombre del país en alto, como ya lo ha estado haciendo, y cumplir el reto de superarse a sí mismo cada día.


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