lunes, 4 de abril de 2016

Vadik Barrón recupera el tiempo que pasó en el extranjero y publica ‘Tragaluz’, que junta un DVD y un libro



Aun músico que compone una canción y la canta acompañado por un grupo de instrumentistas no le dirán cantautor. Pero sí se lo llamarán cuando cante esa misma canción él solo con una guitarra y sentado en una banqueta. Y será aún más cantautor si a la vez publica poesía, como ha hecho ahora Vadik Barrón, con la editorial 3600. Su última obra se titula Tragaluz y está compuesta de un libro de 30 poemas y un DVD con 10 canciones. Con ella vuelve plenamente a la escena nacional —después de pasar tres años en Berlín— quien ganó el Premio Nacional de Poesía en 2013, con el poemario El arte de la fuga.

“El concepto, la imagen, la idea del cantautor están muy amarrados a la nueva trova cubana”, asegura Barrón. “Yo vengo del rock, pero soy muy ecléctico y me considero cantautor porque eso me ha permitido acercarme a otras músicas”. Cuando su voz se apoya en una banda el sonido resulta un poco más fusionado, hay pop, rock y jazz mientras que si está ella sola con la guitarra todo suena más básico, más sencillo, tal vez más puro, aunque en principio sea lo mismo: “A mí me interesa que la canción sea una materia prima que se pueda transformar libremente y se adapte al grupo con el que toque”.

Barrón se dedica ahora a esas dos modalidades musicales a la vez, y a grabar mucho. Tiene que recuperar los tres años que ha estado en Alemania e impulsar los proyectos que dejó en la heladera cuando se marchó, como Agua, un álbum que debía haberse publicado hace meses —el músico prefirió centrarse en Tragaluz— y aún está tomando forma en el estudio de grabación para convertirse en el séptimo de su discografía. Así como el agua es maleable, capaz de amoldarse a muy diferentes cauces y discurrir por ellos, este CD se mueve por las músicas latinas, como el son cubano, el baión brasileño o el candombe del río de La Plata. En él sí que el cantante está acompañado por varios invitados y una banda que por el momento no es permanente, pero que espera que lo sea en poco tiempo.

La faceta de cantautor también le tiene en estas fechas en el estudio de grabación, trabajando en Alma dual, un disco compartido con David Portillo y Carlos Arancibia. Los tres músicos han aportado sus canciones, que tocan todos juntos, como un ensamble de guitarristas y voces. Alma dual suena a varias cosas a la vez, pero sobre todo es un disco de música andina, porque utiliza ritmos como la copla y el huayño para aplicarlos a composiciones y arreglos contemporáneos.

La experiencia europea de Barrón dio pie a que en Tragaluz, el DVD recién publicado, solo se escuche voz y guitarra. Barrón no tenía una banda y por eso se sentó mucho en la banqueta para tocar y ofrecer él solo su música una vez por semana en locales de todo tipo, preferentemente pequeños e íntimos, en Berlín y en Madrid, porque allí “esa es la forma que tiene un músico de ganarse la vida”. En las mismas fechas en que ofrecía esos recitales, Barrón componía canciones y poesías. En 2014 aprovechó un viaje breve a La Paz y grabó las canciones a puerta cerrada en el Teatro Municipal, en una sola sesión en la que una cámara de video registró los detalles de lo que sucedía.

CERCANÍA. Al volver a Bolivia dos años después de aquel día, el músico se enfrentó a la grabación y se dio cuenta de dos cosas. La primera, que para capturar el ambiente íntimo que se respiró en el teatro era necesario acompañar la música con las imágenes. Así decidió que ya no haría un CD sino un DVD de video. La segunda, que la poesía que había escrito sin pensar en la música aun así tenía mucho que ver con ella. Por eso surgió la idea de juntar el libro y el DVD en un solo producto, que solo existe físicamente, no se puede encontrar en internet. “Soy un poco de la vieja escuela y me gustan el álbum y el libro porque engloba más la obra, te dan un contexto referencial de tiempo, de espacio, de temática, de concepto, más claro y más amplio. Soy un poco fetichista, me gusta tener el producto físico en la mano”, dice Barrón mientras manosea un ejemplar de Tragaluz.

El libro —el séptimo que publica— es palpable y cercano, igual la poesía que contiene, que Barrón define como “no tan lírica, más coloquial, más desenfadada”. Los 30 poemas exploran, desde otro discurso, los mismos temas que las 10 canciones. Hablan de una relación que al artista le parece “naturalmente conflictiva”: la que se establece entre el mundo interior y el exterior gracias a las experiencias que nutren una obra y una vida, y también las que quedan a los márgenes de ella. “En la poesía el lenguaje no es solo un discurso, es también un territorio por el que te puedes mover. En la música te mueves menos libremente”. La restricción la pone la versificación, la melodía e incluso el género musical que se elija, en el que algunas cosas encajarán mejor y otras, peor. Por eso Barrón separa bien el poema y la canción. “Hay otros que no lo diferencian, como Chico Buarque o Joaquín Sabina… en ellos es muy difícil de distinguir una cosa de la otra, incluso en la métrica”.

Tal vez los admiradores de Barrón tampoco tengan mucho interés en hacer tantas distinciones y prefieran disfrutar de su lírica en todos los formatos: leyéndole; escuchándole y viéndole ya sea en directo, en DVD, en CD o por internet; solo con guitarra o frente a una banda; haciendo rock o folklore; en Bolivia o en Europa... todo resulta válido y poético si el artista tiene cosas que decir.

Filosofíae las sombras nacen madrugadasen las junturas de un organismo conspicuoque llamamos realidadDel futuro llega un rumor bizarrode oropéndolasy neones vanos, descompuestos,zumbantes animales que te escupen en la carasus fuegos rastrerossu cielo asfixiado de mortajas.En la lluvia abren sus fauces inflamadaslos fantasmas más mustioslas novias más locaslos perros más flacosDe la música se desprende un rocío perladoque unge a los astros recién nacidos.De esos astros brotan las nociones de espiral,de línea recta, de zigzag gambetero.En un punto indefinibledel espacio y el tiempo contenidos en el movimientovienen esas letras pobreseste cántico de tono aleveesta gota de agua que es un mundo fractal,esta soledad terrosa que se lo come todo.

Miradorn mirador horadadoen la matriz del cielo.Un ojo infinito desdedonde el mundoes un pabellón transparente y húmedo y la vidaun concurso afablede estelas y cisnesque inscriben sus movimientos con gracia:absolutos, completos, totalesen su natural errancia. Químicauscamos en los caminospavimentados de estrellasun amor idílico y pertinaz,aunque sea permanente, pertinente, perspicaz.Un sacrificio a la medida de nuestras ansias,deidades que encajen sus genitales con los nuestroscomo en un rompecabezas alegre y colorido.Aunque sea un calorcito que nos haga ebullir los jugosun simulacro de felicidad que plantarle en la cara de lamuerte hedionda,la última figurita del álbum del mundial,la clave para que este atolladero de noche y ausenciano nos aplaste la música bajo su huella vacía.


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